El corcho, la joya perfecta en el fino y alargado cuello del vino

Elástico, transpirable, ligero y aislante. Así es nuestro querido y fiel amigo el corcho. No tanto apego como debiera tiene el sector vinícola a este producto que nos proporciona el alcornoque. Y eso que España, y en concreto Andalucía, es el segundo productor mundial tras Portugal. Si algún handicap tiene este material natural, renovable y biodegradable, es su precio.
El doctor en Ingeniería de Montes y profesor de la UNIA, Enrique Torres, nos ha iluminado esta semana sobre el corcho y su uso en la Enología. Nos vamos directamente al origen, al bornizo, el corcho resultante de la primera extracción, que se realiza cuando el árbol tiene 30 años. Esta capa primigenia se utiliza para la decoración, por ejemplo de belenes o de terrarios. Sí, es un gran aliado de los reptiles… El bornizo es irregular y especialmente poroso, lo que lo hace poco o nada idóneo para hacer tapones. Tras esta primera saca vendrán varias más, entre 15 y 18, una cada 10 años aproximadamente.

Tras su extracción, el corcho se somete a una cocción de una hora de duración a 100 grados de temperatura, con la que gana en elasticidad, esponjosidad y aspecto.
El corcho se clasifica por su grado de calidad, que se mide por dos parámetros, el aspecto y el calibre. Metiéndonos en camisa de once varas, y sabiendo que los tapones se extraen de las planchas en sentido vertical, el calibre (que se mide por líneas) idóneo para hacer tapones está entre 13 y 15. El corcho por debajo de 11 líneas es demasiado fino para perforar tapones, por lo que se tritura para usarlo como aglomerado. Por encima de 19 líneas es de buena calidad, pero al ser tan grueso, la pieza se desaprovecha demasiado.

Y así, llegamos a los diferentes tipos de corchos. El rey de reyes, el natural, 45€ el kilo. En el otro extremo, los paneles aislantes, con un precio 25 veces menor. Y en medio, toda una gama de calidades… El 1+1, con arandela natural en cada uno de los extremos y un cuerpo de aglomerado; el DIAM, 50% natural, 50% vete-tú-a-saber-qué, habitualmente, silicona… Son los de uso más extendido. Los colmatados, naturales pero ‘maquillados’ con polvo de corcho; los aglomerados 100%, a 6 euros el kilo… Un factor primordial que hay que tener en cuenta es si están libres de TCA (tricloroanisoles).

En definitiva, podría decirse que la regla es que «a mejor vino mejor corcho y/o viceversa»… Pero las reglas están para romperlas, de vez en cuando… Aunque lo normal será, por poner un ejemplo práctico, ver tapones de corcho 100% natural en vinos de precio superior a los siete euros.

Una última pista, mientras más calidad tiene el vino, más largo es el corcho que lo protege, porque la adherencia al cuello de la botella es mayor.

Podemos concluir que el corcho es el complemento ideal para un buen vino. Y por eso desde ACVS abogamos por el uso de este material natural. En Andalucía, a pesar de liderar la producción, la transformación de la materia prima a sus diferentes usos emigra hasta Cataluña o Portugal. ¡¡Recórcholis!! Reclamamos una industria completa del corcho en esta comunidad.

Especial mención a Alejandro Chaves, tesorero de ACVS, por ceder parte de su local Puro Tinto, en Tomares, para la cita.

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